miércoles, 24 de febrero de 2010

Hemos llegado a España a capacitarnos y cada uno de mis colegas Consejeros cuenta a su haber con un raudal de expectativas respecto a lo que hemos venido a buscar al viejo continente.
España es una de las últimas economías que han ingresado a la Unión Europea y a pesar del enorme retraso que arrastraba, esta experiencia asociativa entre países logró granjearle un desarrollo insospechado, que de haber contado sólo con las propias fuerzas, les sería esquivo.
La experiencia de la Unión Europea se hace sentir a todo nivel en las inversiones públicas y en el fomento productivo, pero ello no sería posible sin el acervo que España cuenta a su favor en años de cooperativismo.
Las cooperativas aquí funcionan y poseen una fuerza propia que fluye hasta el espacio de la administración pública.
Podemos observar la enorme potencia de los consorcios creados a partir del cooperativismo y también podemos palpar esa experiencia en la asociatividad entre gobiernos locales.
Si bien la administración general es distinta a la de nuestro país, en lo sustantivo las unidades que nosotros conocemos como municipios y que allá son los ayuntamientos, también son las unidades administrativas más pequeñas, aunque sus concejales poseen un poder más extendido que en nuestro caso y los alcaldes tienen unas herramientas que, según vemos, han ido ganando en el tiempo a fuerza de práctica y empeño.
Las alcaldías son verdaderos motores de desarrollo, administrando la bonanza de unos recursos provenientes de la Unión Europea, constituyendo parques industriales en municipios de algo más de ocho mil habitantes, algo impensado para nosotros. En ese sentido, nos llamó la atención la experiencia que compartía el Alcalde de Cartaya, manifestándonos que él habla con la empresa privada, la tienta, construye unas condiciones provechosas para su instalación en el territorio y promueve la contratación de naturales, o sea, gerencia el desarrollo de su localidad.
Sabemos que no es que en Chile no ocurra, pero nos gustaría que este ejemplo estuviera más extendido.
Nosotros estamos en una etapa del desarrollo territorial en que comenzamos poco a poco a fijar la mirada en inversiones públicas de mayor especificidad, tales como aquellas destinadas al deporte y la recreación, más allá de aquellas consideradas básicas como escuelas y postas. Pero hablar de inversión para la industria, eso son palabras mayores en municipios como los nuestros.
A pesar de ese diagnóstico, en la conversación después de la jornada con los compañeros de esta experiencia educativa, creemos que el Gobierno Regional de O’Higgins puede dar un salto cualitativo en aquella dirección, incentivando un modelo que tome lo mejor de la experiencia que nos ha tocado aprehender.
Pensar cómo es una tarea para mañana.

lunes, 22 de febrero de 2010

Desde que nos levantamos estamos aprendiendo y contrastando las experiencias. Desearía muchas veces no sentir que nos falta mucho para llegar. Como dato para conformidad, cada vez se hace más visible que los millones de euros provenientes de la Comunidad Económica Europea son una espalda formidable para haber llevado adelante las reformas e iniciativas que vemos aquí y allá.
De hecho, en cuento he tenido la oportunidad, le he hecho el comentario a uno de nuestros gentiles monitores, quien me ha respondido con un tapaboca algo más o menos así:
“bueno, eso te demuestra que no pueden seguir perdiendo el tiempo en América cada uno por su lado y si no se asocian y nosotros si con buenos resultados, allá Ustedes!”
Claro como el agua…
Efectivamente, nuestro problema es el de la asociatividad, no encontramos buenos fundamentos prácticos para ello en nuestra propia realidad, siempre desconfiando del de al lado y pensando que solos podemos más!
Cuanta equivocación a la luz de los ejemplos palpables que observamos.
Hace años tuve la experiencia de hacerme a la empresa privada. No había a quién mostrar una idea de negocio en la escala que necesitábamos. Logramos batallar un año y medio y terminamos naufragando con la crisis asiática… finalmente llegamos a la orilla magullados pero enteros. Nunca más intenté por ese camino.
En cambio acá hemos conocido una experiencia singular. La Diputación de Huelva cuenta con lo que llaman un “vivero empresarial” con una vida propia impresionante. Se trata de un viejo centro psiquiátrico que dio paso a esta experiencia. Aquí por algo así como treinta mil pesos mensuales tienes acceso a oficina, sala de reuniones, teléfono e Internet y pertenecer a una comunidad en directo de emprendedores de todas las edades. Una experiencia abierta todos quienes puedan pasar los procesos de selección y monitoreo. Más aún. El centro cuenta con un simulador virtual que nos ha deslumbrado. Los ingenieros crearon una plataforma virtual que permite que los usuarios pongan a prueba su idea de negocio y la tensen antes de tener que invertir para ver un resultado probable. La consecuencia es que con un mínimo de inversión uno puede saber si lo que pensaba como un negocio viable lo es o no, ahorrando ingentes cantidades de tiempo y dinero.
En la conversación después de la jornada comprobamos que esta es otra de las experiencias posibles de trabajar en nuestra región y queda pendiente cómo buscaremos los apoyos para lograrlos.