sábado, 5 de diciembre de 2009

La nueva Ley del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC)

En nuestra labor como Consejero Regional y especialmente, como presidente de la Comisión de Fomento Productivo, he tenido la oportunidad de participar en la evaluación de los proyectos presentados en la región con cargo al FIC (Fondo de Innovación para la Competitividad). Las apuestas muchas veces son no sólo innovadoras, si no que también pertinentes y otras han descuidado algunos elementos que a la vista de los evaluadores han sido capitales, tales como la propiedad de los productos de estudios y actividades, pues sabemos que se trata de un fondo financiado con dineros de todos los chilenos, no de un grupo específico de empresas.

Durante este año la ley del FIC tuvo una notable reactivación en el Congreso Nacional y ya contamos con un esbozo de lo que será. En esta ley los chilenos hemos puesto nuestras esperanzas con miras al tan anhelado desarrollo, por lo que se hace relevante analizarla y expresar nuestros comentarios al respecto, como parte integrante del gobierno de la región.

El proyecto establece que la Estrategia Nacional de Desarrollo e Innovación tendrá un horizonte de 12 años, contrario a la idea inicial de 20 años. En nuestra visión, la determinación de un horizonte tan limitado de tiempo para la estrategia nacional no ayuda a que se haga un ejercicio estratégico. Como surgió en la discusión, pensar en un horizonte más amplio conservando los espacios tetra anuales para la revisión de la misma, ayudaría más a establecer este como un esfuerzo de largo aliento.

Respecto a la institucionalidad donde se propone un Consejo Nacional y los respectivos Consejos Regionales para la Competitividad y la Innovación, definitivamente es un despropósito que la instancia nacional no posea la representación adecuada de las regiones. Su componente centralista no ayuda a demostrar una saludable desconcentración de las decisiones, a pesar de la existencia de los entes regionales. Así como está planteado resulta ser una superestructura técnico política central que se erigirá en reservorio de la visión de la innovación para todo el país, visión que ya entes nos ha llevado a numerosos errores y problemas.

Punto aparte merece que en las estructuras regionales quede caucionada la participación de la Agencia Regional de Desarrollo, a pesar de que se observa disminuida. En mi opinión esta debería tener una participación permanente y no sólo accidental como lo señala el Art. 29 del proyecto de Ley.

En lo que respecta a la participación del Consejo Regional del Gobierno de la Región, si bien es cierto es sano que tenga participación, aunque indirecta, en la designación de los tres representantes visados por el Intendente en el Consejo Regional de Innovación, la inamovilidad por tres años de que gozan dichos representantes me resulta paradójica. Lo mismo respecto al representante que directamente elegiremos. Surgen preguntas que no tienen fácil respuesta: cómo podremos asegurar que dicho representante no termine representándose a sí mismo. Cuál es la capacidad para resolver si es “capturado” por una inercia que lo aparte de los lineamientos que el Consejo Regional de O’Higgins establezca. En estos casos la posibilidad de una remoción en los términos que contempla la ley es, por decir lo menos, “remota”.

Finalmente, más allá de todas las consideraciones que hemos planteado aquí, creo que lo central es lo que respecta a la grave vulneración del espíritu de la iniciativa.

Si bien ningún impuesto puede tener un destino específico, en el proyecto de Ley la sola mención que se hace en el art. XX del Art. 39, sobre utilizar para el FIC “un equivalente al 25%” del royalty minero, aumentando en cuatro puntos porcentuales lo utilizado hasta ahora, es suficiente para validar el hecho que esta iniciativa tenía una meta clara implícita en su génesis, esto es que: para materias de competitividad e innovación, Chile se ponía pantalones largos y decidía hacer una inversión anual equivalente a lo recaudado por concepto del impuesto específico que afecta a la renta imponible operacional de la actividad minera. Y a pesar de lo que digan Subsecretarios y Ministros al respecto, el magro 25% de dicha recaudación efectivamente sólo apunta a sostener un esfuerzo inicial de inversión en desarrollo, pero no se enfoca en resolver una necesidad que es toda la diferencia entre seguir marcando el paso en materia de competitividad e innovación o ser un país plenamente integrado a la nueva economía y más aún, con garra ganadora de frente al futuro.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Reflexión política: ¿Quién es Halpern, quién Bowen?

Los asesores y líderes que dijeron elecciones sin primarias abiertas, dijeron “problema”. Un método útil en una época –elección directa de un candidato- puede desgastarse y tender a reemplazarlo es natural, pues si los procesos, métodos y ritos en política no se adaptan a las nuevas realidades que se tejen en las narices de las ciencias sociales, pueden significar costos políticos caros de pagar, más allá que quien finalmente paga es “Moya”, o sea la gente común y corriente que quiere sentirse representada por un ideario y unos liderazgos claros.

Es así que las condiciones que enfrentamos como Concertación hace treinta años y que delinearon una estrategia y una táctica exitosa, abonadas por oleadas de jóvenes que en los ochenta nos sentimos motivados a dar duras luchas no sólo por un mezquino retorno a la democracia, si no que también por un mejoramiento sustantivo de las condiciones materiales, de los derechos civiles, de las oportunidades para desarrollarnos como familias, esas condiciones decía, ya no son las mismas.

Las "masas" no se comportan como antes. Como ejemplo, discutíamos hace pocas semanas atrás si el viejo esquema para las proclamaciones daba cuenta de ello; si dos o tres discursos antes del candidato no son hoy una majadería que la audiencia no está dispuesta a aceptar. Antes esos discursos servían para encender el ambiente, hoy lo asfixian, lo enrarecen y aburren.

La urgencia de los tiempos era empujada, no percibida solamente, si no que empujada por la gente, por la ciudadanía y entonces teníamos escenarios electorales claros, donde la Concertación se imponía frente a la alternativa de derecha. Pero hoy, en que esta misma Concertación ha sido capturada por algunos que desean para sí “el timbre y el tampón” sin compartir los liderazgos, sin abrir puertas y ventanas para que entren actores nuevos a sumar sus energías a esta epopeya a la que hacíamos referencia de cambiar la vida de chilenos y chilenas, hoy, la Concertación sufre los golpes de liderazgos que ningún chileno ha escogido, el choque de los liderazgos de los asesores que empinados sobre sus egos chapucean frases de televisión y hacen las cosas más difíciles para mantener el Poder, herramienta tan necesaria para construir la epopeya a la que empujó Chile desde los ochenta: cambiar radicalmente para bien la vida de los chilenos y chilenas.

Los asesores de antaño –que estaban profundamente comprometidos en la realidad de Chile- supieron leer en la gente los símbolos necesarios para enfocar un futuro y nos regalaron el símbolo del arcoiris de la Concertación, pero no nos previnieron de lo que ello conllevaba y a todos los asesores actuales –menos compenetrados de Chile, entre sus viajes a dictar cátedras en el extranjero- se les olvidó que así como ocurre después de la tormenta, en que aparece el arcoiris luminoso que señala un fin y un inicio, así mismo, las condiciones atmosféricas cambiantes tienden a disiparlo.

Aunque porfiadamente no queramos darnos cuenta, las cosas cambian y las formas de hacer política no pueden ser las de antes. Pero mientras escribo, los asesores de Frei, porfiados, ególatras y ciegos ante las nuevas evidencias, y que poco o nada tienen que ver con lo que ocurra con los chilenos y las chilenas si un proyecto como la Concertación desaparece, si nuestro proyecto pierde el Poder, mientras escribo, esos asesores siguen peleando frente a las cámaras.

Halpern fue "asertivo" mientras la gente le daba la supremacía a la Concertación. En buenas cuentas, contrario a lo que los asesores piensan, ni Halpern ni Tironi hicieron los triunfos de la Concertación, menos lo hará ahora Bowen. Ellos no importan nada porque es la épica de un pueblo y que inspira a un gran movimiento como la Concertación, la única capaz de asegurar el triunfo. Entonces, esos asesores hoy no sirven, limitan e incluso estorban, pues hablan y hablan de lo menos importante, y entonces los errores forzados que obligan a cometer al candidato que antes, por la fuerza de la gente de seguir adelante cambiando no se notaban, hoy se hacen absolutamente evidentes y restan apoyos con fuerza.

¿Qué es esa franja enrostrando lo hecho? Una franja así se hace insoportable y no transmite si no status quo, cuando contrariamente, nuestra fuerza es progresiva. Mientras la gente ve hacia delante desafíos, nuestros asesores le dan, vía la franja electoral, un proyecto cuyo líder sólo tiene como fortaleza el pertenecer a una coalición que “lo ha hecho bien”. Ese es resultado palpable de lo hecho por los asesores -hecho pésimo-.

Yo reniego de esos asesores y reivindico la fuerza de la gente para sacar adelante este proyecto que se muere en manos de los pocos dueños de los timbres y los tampones en los partidos, de los asesores de pasillo, de los funcionarios acomodados por el lucro del poder.

La gente quiere un Presidente como Frei que haga los cambios que esperamos, no un producto del alambique de los asesores. Para Frei, desembarazarse de esos asesores necios es ahora un deber, es parte de una lógica insoslayable para avanzar con el Poder y repartirlo, avanzar con el Poder no para sólo retenerlo como Bowen, Halpern y Tironi entre otros plantean, si no que para proponerle a Chile cambiar las cosas otra vez.